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Japón, la mirada contemplativa

24 Marzo 2011 Texto // Enrique Cerón Fotos // Esteban Azuela

Nota editorial: esta colaboración ya estaba programada para su publicación durante marzo de 2011. LaGiraffe.com la reproduce sin modificaciones como una expresión de solidaridad y admiración para con el pueblo japonés.

Una propuesta de tres escenarios en Japón en los cuales el viajero podrá buscar ése, su propio instante, y que una vez visto no podrá olvidarse, dibujando en el interior del experienciante imágenes evocadoras llenas de belleza y misterio.

Tanto el lenguaje japonés, como su estética e imaginarios están profundamente ligados a la relación entre la mente y las imágenes, hecho que guarda una gran relación con la introspección y la interrelación entre seres humanos y la naturaleza.

La mentalidad japonesa le da gran valor al instante y su carácter efímero. Un instante pleno permite al espectador japonés establecer un vínculo emocional con su entorno y alcanzar el sentido con el todo.  La imagen es valorada sólo parcialmente por sus cualidades sensibles, pues lo que realmente importa es su poder sugestivo, pues éste es el camino hacia la totalidad; la belleza sólo puede descubrirla quien mentalmente completa lo incompleto.

Por ejemplo la palabra japonesagei, que simboliza arte, tiene un sentido más trascendente, dinámico e inmaterial que el concepto aplicado en Occidente: es cualquier manifestación del espíritu –entendido como energía vital, como esencia que nos insufla vida–, que hace que nos desarrollemos y evolucionemos, a través de la unidad entre cuerpo, mente y espíritu.

I. luz

Kioto es la antigua capital de Japón. A diferencia de Tokio, es una ciudad que ha permanecido horizontal; no hay bloques de rascacielos que impidan a la mirada llegar hasta las colinas de los cerros que la rodean. En el otoño dos colores dominan el paisaje, el amarillo eléctrico de las hojas en forma de abanico del jinko biloba y el rojo que pinta las hojas, en formas de estrellas, del maple japonés. El espectáculo es de tal magnitud que año con año los turistas japoneses viajan hasta ahí para observar al mundo vestido con esos colores.

Uno puede sentarse por ahí, entre los jardines del antiguo palacio imperial, que hoy es parque y museo. Dedicar la tarde a ver la luz correr sus diversos mantos sobre las cosas. Ver a los jóvenes japoneses jugar al baseball con la luz amarilla y adelgazada del otoño. Observar el cinturón amarillo y rojo que rodea la ciudad encendido con la luz del atardecer y escuchar a los muchos pájaros que habitan el parque mientras transcurre la última luz de día, la más mística de todas.  Y terminar el día observando la luna reflejada en alguno de los estanques o filtrada a través de las hojas de maple que parecen flotar en su luz blanquecina.

II. sombra

En medio del bullicioso barrio de Roppongi, en Tokio, lleno de restaurantes, bares, oficinas, hoteles, y galerías, al costado de un gran edificio, un jardín desciende sobre una leve pendiente curva. Lo acompaña un riachuelo que señala que se entra a un lugar distinto. Al final está 21_21 Design Sight uno de los edificios de Tadao Ando -el único arquitecto reconocido dos veces con el premio Pritzke, considerado el Nobel de arquitectura-, que alberga una galería.

Lo primero que sucede en el interior de este oasis es que el sonido del exterior abandona al visitante para dar paso a una espesura de silencio y una semioscuridad donde reina una serenidad que parece ha estado ahí desde el comienzo de la eternidad.

Ando, un autodidacta, menciona que su trabajo intenta expresar el corazón silencioso de los japoneses. En 21_21 Design Sight la penumbra, el claroscuro, las entonaciones de la sombra; los juegos de sombra y luz, muestran la maestría del genio que los utilizó para insinuar la íntima trama del ser.

Junichiro Tanizaki, un celebrado novelista japonés, en su libro Elogio de la sombra (un gran compañero de viaje para quien visita Japón) señala cómo ante la preferencia de los occidentales por lo luminoso, pulido, resplandenciente y sin manchas, Oriente ha optado por el poder sugestivo de la sombra y lo asimétrico que expresan un trasfondo profundo, pues la incorporación del elemento estético-espiritual de la sombra no es lo opuesto de la luz sino el efecto de la propagación difusa y tenue de lo luminoso.

El paseo a 21_21 Design Sight regala al visitante la sensación de estar viajando a través del silencio y la sombra hacia el corazón de su propia interioridad.

III. movimiento

Cerca de 20 minutos toma llegar en tren desde Tokio hasta la playa más cercana cuyas arenas son negras por la ceniza volcánica. El azul rey del mar es inolvidable. Aquí, en Fujisawa, estuvo alguna vez la capital de Japón, dicen algunos lugareños que fue por su hermosura. Durante el verano está llena de vida y visitantes, pues una parte de la población de Tokio se traslada.

Tras el malecón está el puente que une a la pequeña isla de Enoshima con la ciudad costera. Según la leyenda Enoshima surgió de las aguas por obra de Benzaiten, la diosa de la música. Con el día y la marea baja se descubren las faldas de la isla que se llenan de pescadores. Pasear por ahí es increíble pues emerge la inmensa cantidad de vida que habita las rocas, peces, pulpos, algas, cangrejos y aves marinas.

Distintos letreros advierten a los visitantes sobre la colonia de gavilanes que rondan Fujisawa y que, en ocasiones, roban alimento de los paseantes. Al atardecer el mar recupera el espacio que prestó a los pescadores y hay que emprender el regreso para no quedar atrapado. Grupos de hombres regresan después de un día de pesca.

El sol naranja, colocado en lo más profundo del paisaje, abraza el firmamento. La tarde que cae dibuja un cuadro glorioso del Pacífico japonés. A un lado Enoshima que va quedando atrás parece cada vez más grande y más oscura. Se cubre de una nube enorme de gavilanes que rondan la cima del pequeño cerro que corona la isla formando una imagen inquietante. De repente el mar y la montaña parecen el pacífico y acuoso choque de dos mundos líquidos que se empujan uno a otro para crear el movimiento.

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