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Feb07

La vida a menos cero

07 Febrero 2011 Texto // Enrique Escalona Fotos // Enrique Escalona Video // Enrique Escalona

¡Artículo ganador de Canadá a Voces 2011!

Agradecemos a la Comisión Canadiense de Turismo (@viajeacanada) por habernos otorgado por segundo año consecutivo el premio al mejor artículo publicado en internet sobre Canadá (la primera, en 2010, fue por 6 razones para ir a Canadá.)

En el certamen, otro de nuestros reportajes: Yukón, el rincón frío de Canadá, también estuvo entre los 3 finalistas. ¡Muchas gracias!

Yo creía que la vida bajo cero era imposible, hasta que supe que en Quebec pasan 5 meses a temperaturas que van de 4 grados bajo cero a menos 30, algo así como pasar de un refrigerador a un laboratorio de criogenia. ¿Cómo se vive en estas temperaturas que suenan imposibles para un mexicano? Es lo que vine a ver a Mont Tremblant.

 

Fobias de una madre

En México las amorosas mamás siempre nos esconden del frío, basta un vientecillo para que nos avienten una cobija y cuando la temperatura baja de 5 grados, las escuelas cierran, los niños se esconden y todos tomamos jugo de naranja con complementos de vitamina C.

Nunca olvidaré lo que creí la primera vez que vi nieve, fue en Montreal, caía una gran nevada y pensé que nada estaría abierto y que se cancelarían todas mis citas de trabajo, así que me quedé en mi cuarto, hasta que me llamaron diciendo que me estaban esperando. Bajé al lobby incrédulo y salí a la calle temeroso, para descubrir que la gente andaba fuera como si sólo lloviera.

Mi segundo invierno de verdad llegó hace unas semanas, de nuevo Quebec, pero ahora Mont Tremblant, un centro vacacional a hora y media al norte de Montreal. No sólo había vida bajo cero ¡también se divertían con la nieve! Los niños pequeños eran arrastrados en trineos, había gente patinando en el lago congelado y llevaban esquís, raquetas y patinetas para nieve, alegres como si estuvieran en una playa de arena blanca. ¡Si mi friolenta mamá nos viera!

Lecciones canadienses

Si alguien sabe cómo vivir, y no sólo sobrevivir en la nieve, son los canadienses y una de las cosas que más repiten es que el secreto para disfrutar del invierno es estar bien vestido, así que llevé encima ropa interior, pantalón y camiseta térmica, playera, pantalones, un suéter, otros pantalones para nieve, botas térmicas e impermeables, la chamarra, bufanda, guantes y gorro. Mioutfitme dio la actitud y al dar mi primer paso, me sentí como uno de esos aventureros que llegaron al Polo Norte y caminé orgulloso a recoger mi equipo de esquí.

Me entregaron una chamarra deportiva, caliente y nada estorbosa, casco, esquís, bastones y las botas más impactantes que he usado en mi vida. Subí a la góndola rodeado de esquiadores, que tomaron la siguiente para seguir subiendo a la montaña. En mi caso me quedé en una ladera para tomar mi primera clase de esquí, que comenzó con el instructor ajustándome correctamente las botas y el casco.

François fue mi instructor, pronunciado “Franzuá” porque claro,  aquí se habla francés y el ambiente que se respira es muy diferente de las zonas anglófonas de Canadá, los letreros, las voces, la gente y el sonido, nos recuerdan que estamos en la comunidad francófona más importante fuera de Francia y si sabes decir algo en esta bella lengua romance, las puertas de Quebec se te abrirán de par en par, y si no, te sorprenderá la cantidad de gente que habla español y que conoce muy bien nuestro país, porque son gente viajera y enterada.

Empezamos desde el principio, ponerse los esquís, caminar, frenar, subir y allá voy, haciendo mi primer descenso, frené con gran éxito y subí de inmediato a seguir esquiando. Nada como sentir que puedes hacer algo que veías tan lejano y si no hubiera sido por los niños que me rebasaban por docenas, me habría sentido el mejor esquiador de la ladera.

Rompiendo barreras

Después de la clase estábamos listos para seguir con otra actividad: “L’escalade” que no sabía qué era. Caminamos y vi a unos tipos escalando una gigantesca pared de hielo macizo. Ni maiz, me dije, pensando que era imposible que yo escalara un pedazo de montaña vertical cubierto de hielo, nieve y escarcha sin romperme la crisma. Mientras imaginaba un pretexto, el instructor nos puso arneses, crampones en las botas y pasó cuerdas por árboles y personas. Antes de que me diera cuenta, ya tenía un piolet en la mano y estaba frente a la pared de 20 metros.

Seguí las instrucciones esperando mi rotundo fracaso, pero para mi sorpresa resulté ser un hombre araña de las nieves y ascendí a gran velocidad. En un día los quebequenses me habían hecho hacer dos cosas que creía imposibles: esquiar y escalar en hielo, o 3, considerando que ya no sentía frío.

La adrenalina seguía en mis venas al darle una mordida a mi baguel de salmón ahumado y un trago a mi cerveza Alexander Keith de Nueva Escocia. Estábamos en el bar Le Shack, enclavado bajo la montaña y lleno de personas con ropa de deportes de nieve, y yo me sentía tan experto como ellos, nadie tenía por qué saber que apenas había tomado mi primera lección. Aunque me delaté a la hora de ir al baño, porque con mis botas caminaba como un luchador en tacones.

La tarde me tenía otra sorpresa, desde mi ventana vi que el hotel tenía una alberca al aire libre, sí, el Westin de Mont Tremblant tiene una alberca de agua caliente, de la que salía humo como un geiser en medio de la nieve. Bajé a revisar el terreno, la salida más cercana estaba desde el Spa y serían unos 20 metros para llegar a la alberca, así que debía salir en bata, con mi traje de baño y caminar a menos 15 grados.

Regresé listo, abrí las dos puertas que mantienen cálido el interior del hotel y corrí rogando que mis sandalias no se salieran, me quité la bata y me aventé a la alberca, ya dentro se sentía muy bien, si sacaba la cabeza el agua en mi cabello y cejas se hacía hielo, así que pasé mucho tiempo nadando y pensando que meterse a una alberca de agua caliente en medio de la nieve es una de esas cosas que no se pueden dejar de hacer.

En la noche noté nuestros rostros bronceados como si hubiéramos estado en la playa, o quizá era el delicioso vino helado que tomábamos para acompañar los quesos fundidos estilo Raclette, los jamones y embutidos estilo francés del restaurante La Savoie.

 

El frío es divertido

El día siguiente no se veía tan despejado como el primero, era nublado, pero en el desayuno supe que eso significaba que hacía mucho menos frío y que era perfecto para el esquí de fondo. En ese momento sólo había escuchado que era de las mejores actividades de invierno, pero no imaginaba que me fuera a gustar tanto.

Llegamos al “Chemin Saint-Bernard”, a 15 minutos de Mont Tremblant, donde nos dieron botas especiales, esquí y bastones, además de un mapa con muchos kilómetros de recorrido de diferentes grados de dificultad. La idea del esquí de fondo es caminar por senderos de paisajes nevados y bosques de pinos, usando esquís más delgados y botas ligeras, que al caminar se deslizan como patines mientras van por la pista que han dejado los esquiadores previos, aunque hay otras técnicas para desplazarse al propio paso por la nieve, cubriendo grandes distancias y haciendo un saludable ejercicio.

En el circuito de esquí de fondo de Mont Tremblant se puede descansar en refugios con chimenea o disfrutar del silencio en un hermoso paraje, escuchando el sutil sonido de la nieve cayendo sobre las hojas de los árboles. Todo un cuento de invierno.

De ida nunca pude frenar y en cada bajada me caí en la nieve, por fortuna suave y sin riesgos, pero de regreso mi técnica mejoró y sentí que podría hacer esquí todos los días. Para recuperar energía, ya en Mont Tremblant, probamos las tire sur la neige que es maple muy caliente que se extiende sobre la nieve y se enrolla en palitos de madera antes que se solidifique, para hacer una deliciosa golosina.

De nuevo la comida, esta vez en un grill que renueva nuestras calorías en forma deliciosa, con sendos cortes de carne en el Casey’s Grill. Salimos apurando el paso porque tenemos una cita con Expedition Wolf, para pasear en trineo jalado por perros.

 

 

La enchilada completa

Venir a estos paisajes de postal y no pasear en un trineo jalado por perros alaskan y siberianos es como ir al DF sin subirse al metro. El recorrido se dividió en dos partes, en la primera fui el conductor y en la segunda el pasajero, siempre con 4 hermosos perros que nos llevaron por caminos de nieve y nos dieron una anécdota para contarle a todo mundo.
La acción no terminó con el ocaso, era tiempo de hacer una caminata en la nieve. Fuimos a la boutique Explore!, donde organizan estos paseos nocturnos. Ahí nos dieron las raquetas para caminar y botas especiales.

Caminamos siguiendo al guía, cada quien con su lámpara sujetada en la cabeza por una banda, iluminando la nieve, bordeando el río que atraviesa Mont Tremblant. Nos detenemos para hacer una fogata y comer galletas con forma de hoja de maple.

Regresamos a la calle principal de Mont Tremblant, los locales están llenos, los niños siguen jugando y la iluminación de las fachadas da una atmósfera especial. Todavía nos queda cerrar este viaje en el Casino. Nunca tengo suerte en el juego, mi fortuna es que estoy a poco menos de 6 horas de este lugar desde la ciudad de México. Los europeos tienen los Alpes, pero los americanos tenemos las montañas de Quebec.

 

Guía Giraffe

Información completa de hoteles, restaurantes, clases de esquí, actividades y más en la página official de Mont Trembant:
www.tremblant.ca

Información Canadá en su página de turismo para México:
http://mx.canada.travel/

Para viajar a Mont Tremblant, lo más cómodo y económico es contratar un tour completo, puedes contactar directamente a la oficina de turismo de Mont Tremblant, a la empresa Global Tourisme o a operadores de viaje en México como Juliá Tours.

Dónde comer:

Restaurant La Savoie, donde probamos el inolvidable queso Raclette fundido:
www.restaurantlasavoie.com

Para hacer esquí de fondo:
539 Chemin Saint Bernard
Mont-Tremblant, QC J8E 1B1, Canadá
(819) 425-5588
www.skidefondmont-tremblant.com

Expedición Wolf

Paseo en trineo jalado por perros
www.expeditionwolf.com

Hotel Westin Mont Tremblant
100 Chemin Kandahar
Mont Tremblant, Quebec
T: (819) 681-8000

VISA

Como sabes, desde hace un año Canadá comenzó a pedir visa a varios países, entre ellos a México, a nadie nos gusta hacer trámites pero este es uno que vale la pena.

El centro de atención para tramitar tu visa te atiende en minutos, no hay largas filas, entregas tu documentación y listo, hay uno en el DF y otros dos en Monterrey y Guadalajara, también puedes mandar todo por correo. Trata de llevar el mayor número de documentos comprobatorios que solicitan y no tendrás contratiempos, cualquier duda llama a los números de información gratuitos que indican en su sitio web, son muy atentos y atienden completamente en español:

Visa Information Center (VAC)
www.cicmex.com.mx

En français, s'il vous plait!

Canadá es un destino hospitalario en cada una de sus provincias, pero hay un lazo especial entre México y Quebec, ellos fueron la Nueva Francia, nosotros la Nueva España, ambos tenemos historias muy antiguas que involucran colonizadores y pueblos indígenas, hablamos lenguas latinas y muchos de los valores de amistad, familia, religión y el placer por salir, comer y pasarla bien nos unen. Los Québécois son apasionados de su historia y herencia, y sobre todo, son gente abierta, viajera e interesada en muchos temas. No dudes que harás buenas amistades con estos latinoamericanos del norte y si quieres aprender o practicar tu francés, este es un lugar tan bueno como puede ser México para aprender español.

Conoce Mont Tremblant en HD y comprueba que es toda una experiencia

[Ver en SD]

Acerca del autor

Enrique Escalona

Enrique Escalona

Lo único que ha podido planear en su vida es su próximo viaje... y pues de algo había que trabajar ;)

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