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Hay fotografías de los viajes que nos dan felicidad, que reímos cómo locos cuando las vemos. Existen otras, como las de Praga, que dan nostalgia, que se piensa que algo faltó, que uno tiene que regresar porque se está incompleto.

Cuando fui a República Checa mi objetivo fue el de hacer un recorrido religioso por las ciudades más emblemáticas de este tipo de turismo y finalizar con la capital de las aguas curativas -donde antaño ricos de la época daban las primeras ideas de lo que hoy ya es una moda del turismo de salud, los spas-, se le conoce como Karloy Vivary. Pero a nadie se le perdonaría viajar de tan lejos y regresar sin conocer Praga.

Fotos: Jessica Servín

Desvelarse por un día

No importa que sólo se tenga un día o unas horas, hay que transformarse en un caminante imparable y desvelarse sólo por el gusto de tomar la mejor cerveza europea (aunque los alemanes se enojen) y visitar el Museo de Kafka, la Ciudad Vieja, la Malá Strana, que es la parte pequeña de la ciudad, y el Castillo hasta cruzar el Puente de Carlos y mirar el infinito del río Moldava. Detenerse en sus 30 estatuas que fueron construidas en 1700 y que representan a santos patronos de la época, una de las más fotografiadas es la del Crucifijo, pero sin duda la más visitada es una en la que todos colocan su mano sobre otra estampada y que dicen que al tocarla, te dará buena suerte.

Y mientras se recorre, se sorprende y se va de camino a un restaurante para comer carne y puré de papa tradicional de los checos, también habría que volverse detallista y observar la riqueza arquitectónica de sus casas, de sus edificios y un tip más, no cambiar euros, si no coronas checas que al tipo de cambio frente al dólar, resultarán para los mexicanos más o menos igual al valor de nuestra moneda.

La otra Praga

Si quieres ver más, hay que visitar el barrio Josefov, la Ciudad Judía, con sus sinagogas y el Viejo Cementerio Judío. Eso por el tema histórico, por el lado práctico y que quizás desdeñamos en nuestro propio país, es tomar uno de esos tranvías históricos disponibles en el Centro Histórico de la Ciudad, que además de darte un tour en español por los puntos destacados de Praga, el viaje es amenizado con vino o champagne y música de acordeón.

Praga se puede recorrer no sólo con guías de viaje, sino con libros como el de Jan Neruda -el Neruda verdadero- sobre Mala Strana. O El libro de la risa y el olvido, de Kundera. Hay que visitar la plaza del Nove Mesto, en el barrio nuevo, donde se reunieron miles de checos para defender la Primavera de Praga, en agosto de 1968.

Finalmente si se puede, hay que platicar con los checos, ellos ahora están preocupados de su día a día y algunos quizás todavía les pesa su historia, sobre todo a los mayores a quienes todavía descubren que el capitalismo aún les resulta ajeno.

Para llegar y disfrutar de Praga

Cómo llegar: Desde México a Praga, ida y vuelta con KLM  desde 960 dólares una escala, reservando con www.Despegar.com

Moneda: corona checa- Un peso mexicano equivale a 1.41 coronas.

Transporte público: para moverse en la ciudad, el sistema de transporte abarca subte, tranvías, el funicular del monte de Petrín y autobuses. Hay un billete común para todos. Un paseo de 75 minutos desde 26 coronas.

Más sobre el destino: www.czechtourism.com

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