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¡El muro está abierto! 1989-2012

25 Septiembre 2012 Texto // Enrique Escalona

Bombardeada y reconstruida, dividida y unificada, la capital alemana celebra los 23 años de la caída del Muro.

El tren ICE reduce su velocidad para entrar a Berlín. Por la ventana pasan antiguos palacios, edificios modernos, monumentos, calles llenas de negocios y muchos edificios en construcción. El tren se detiene en la Hauptbahnhof, la estación central, en el corazón de una ciudad que se adivina magnífica en sus tesoros, pero con un aire decadente que le da un aire de autenticidad.

Willkommen in Berlin

El visitante atraviesa la ciudad, notando que hay pedazos de concreto exhibidos como monumentos, horribles bloques llenos de coloridos graffitis que intentan decorar plazas, parques y avenidas importantes. El visitante también observará cuadras completas devastadas, señales en el pavimento que dividen calles y cierran el paso a los edificios, cicatrices de una ciudad que intentó ser partida en dos, usando 45 kilómetros de bardas, trincheras, alambre de púas y controles fronterizos. ¿Por qué? Eso es algo que se sigue discutiendo en Berlín mientras se bebe la mejor cerveza del mundo.

Berlín fue la capital del Sacro Imperio Romano Germánico, del reino de Prusia y del Imperio alemán, y del nazismo, que le costó a la ciudad ser destruida por partida triple: primero por los megalómanos planes urbanísticos de Adolf Hitler, después por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y finalmente por los gobernantes de la República Democrática Alemana, que pensaron que era buena idea cercar la parte occidental, en lo que llamaron Antifaschistischer Schutzwall, “muro de protección antifascista”, que en realidad se convirtió en una barrera para su propia gente.

You are leaving the American sector

El muro fue desde 1961 la frontera entre los países del bloque comunista y occidente, hasta que a las 23:00 horas del 9 de noviembre de 1989, las autoridades del gobierno de la RDA admitieron que era insostenible su existencia. Esa noche, al grito de “¡el muro está abierto! miles de berlineses salieron a escalarlo y tirarlo por sus propios medios.

Voy a bordo del U-Bahn, el “metro” berlinés. Al bajar en la estación Friedreichstrasse, un letrero anuncia el “Checkpoint Charlie”, el más célebre cruce militar que existía en la ciudad. Aquí permanece el letrero que anuncia la frontera y dos fotos recuerdan el uniforme de los soldados soviéticos y estadounidenses que tenían en este punto el inicio de “la cortina de hierro”.

Muy cerca está el museo de la extinta República Democrática, DDR por sus siglas en alemán, aunque la verdadera exposición está afuera, en las ruinas del muro, que pasaba indiscriminadamente entre calles, patios y plazas, cerrando entradas a los edificios y abriéndose paso entre parques y avenidas. El mauer –muro en alemán- está señalado por una hilera de mosaicos en el suelo y por fotos de acontecimientos, como el escape de 1964, cuando 57 personas escaparon por un túnel o recuerdos menos afortunados, como las 192 personas que murieron al intentar cruzarlo.

Nostalgia del este

Ostalgie es el término que mejor define el sentimiento que provoca Berlín del este, un juego de palabras entre “Ost”, -este- y nostalgia. Eso es precisamente lo que se percibe al salir de la estación de Alexanderplatz, la plaza símbolo del comunismo alemán, presidida por su torre emblema y las esculturas de Marx y Engels.

Muy cerca, a un costado del Palacio de la República, pasa el río Spree y en sus orillas puedes comprar las deliciosas salchichas estilo Frankfurt y la gran “Bertha”, de medio metro, que se acompaña con una taza de vino caliente, que brinda la energía suficiente para dirigirse al Berliner Dom, la catedral imperial que perdió su cúpula en los bombardeos y fue reabierta en 1993.

A decir de los berlineses, la movida está en los viejos barrios de Berlín del este, llenos de restaurantes y bares abiertos en decadentes edificios del comunismo o vetustas ruinas de un antiguo palacio. En barrios como Mitte o alrededor de plazas como Kollwitzplatz, donde se agrupan locales que apenas se anuncian con un graffiti o con propagandas de las bandas de punk que ahí tocan. No a todos les gusta esta parte de la ciudad, pero a mí me parece su alma, lejos de la uniformidad de una ciudad “bonita” llena de edificios elegantes y ordenados.

Cruzando al occidente

Camino de regreso a la parte occidental, donde las avenidas aparentan ser las de una moderna ciudad europea, hasta que surgen ruinas como las de la Iglesia del Kaiser Wilhelm, que se han conservado en su destrucción, para recordar los bombardeos aliados y soviéticos de mayo de 1945, que terminaron con la Segunda Guerra Mundial.

Me interno en el Tiergarten, un bosque en medio de la ciudad, con una calzada de anchas banquetas y decoraciones que se remontan a la vieja Prusia. Mi caminata termina una hora después en la Columna de la Victoria, el lugar donde se posan los ángeles de la película “Las alas del deseo”, desde aquí veo que Berlín no es una ciudad para una sola visita, y me pregunto cuándo regresaré.

Más información: www.visitberlin.de

 

Cómo llegar a Berlín

Lufthansa tiene vuelos diarios a Frankfurt desde la ciudad de México,desde ahí lo mejor es tomar el tren ICE, que viaja a 300 km. por hora y llega en 6 horas a Berlín. También es posible volar desde México con escala en Londres (British Airways); Madrid (Iberia); París (Air France) o Ámsterdam (KLM)

www.lufthansa.com/online/portal
Referencias a Berlín

Para disfrutar más de la experiencia berlinesa, LaGiraffe te recomienda dos películas:

"Las alas del deseo", de Win Wenders, rodada en los últimos años de la existencia del muro, habla sobre las ganas de vivir, considerada "una declaración de amor por la humanidad".

"Adiós a Lenin", de Wolfgang Becker, una divertida película sobre una orgullosa mujer socialista que cae en coma y sus hijos, que tratan de ocultarle la caída del muro de Berlín.

 

Hospédate en:

HOTEL ELLINGTON

Construido en los años 20, este magnífico hotel combina un estilo minimalista con el amor al jazz, posee su propia estación de radio, boutique, estética y una arquitectura que hace útil y elegante a un gigantesco edificio con casi 300 habitaciones. Ubicado en la parte más hipster de Berlín Occidental. Mención aparte merecen los desayunos buffet, que ofrecen una fina selección de delicias germanas.

www.ellington-hotel.com

Ich bin ein berliner

"Yo soy un berlinés". Frase dicha por John F. Kennedy en uno de los más célebres discursos de la Guerra Fría, que deja ver mucho de la universalidad de Berlín:

"Todos los hombres libres, dondequiera que ellos vivan, son ciudadanos de Berlín. Y por lo tanto, como hombre libre, yo con orgullo digo estas palabras "Ich bin ein Berliner".

Dónde comer

Existen decenas, y acaso cientos, de restaurantes de primera en Berlín, pero la recomendación es que comas en los puestos callejeros, limpios y ordenados en las principales plazas, donde encontrarás kebabs turcos, albóndigas y sobre todo, salchichas con abundante cebolla, papas y una inmensa botella de cerveza. También puedes tener el postre: caramelos, gomas con forma de víbora de sabores o chocolates Lindt.

Imperdible

Visitar los museos que cierran a media noche y quedarse sin dormir visitando bares y asistiendo a conciertos en Berlín del este. Y por supuesto, beber algunas de las más de 300 marcas de cerveza alemana. 


 

Acerca del autor

Enrique Escalona

Enrique Escalona

Lo único que ha podido planear en su vida es su próximo viaje... y pues de algo había que trabajar ;)

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