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México sobre rieles

09 Diciembre 2009 Texto // Laetitia Thollot Fotos // Enrique Escalona Video // Enrique Escalona

La mejor forma de conocer la mítica Barranca del Cobre es a bordo de un tren, el Chepe, y mientras estés confortablemente instalado descubrirás la gran variedad de paisajes que ofrece la sierra de Chihuahua.

 
Tomar el tren no es anticuado

Si le preguntas a un europeo en qué piensa si le hablamos de viaje, es muy probable que conteste “tren”. En México, a ese medio de transporte lo desaparecieron casi por completo. Sin embargo, existe un sobreviviente. Descubre uno de los mejores recorridos ferroviarios del mundo, según los expertos.

Comienza la travesía

A las 6 de la mañana, estamos en la estación de Chihuahua, ilusionados y listos para abordar nuestro vagón. La única manera de atravesar la Sierra Madre Occidental es tomar el Chepe, que va de Chihuahua al Pacífico.

Vamos a viajar en el tren de Primera Express. Descubrimos que a pesar de su aspecto “retro” cuenta con todas las comodidades que se pueden esperar: aire acondicionado, asientos reclinables, un hermoso bar bien surtido y un restaurante desde donde, colmo de las delicias, puedes disfrutar de magistrales vistas mientras desayunas un sabroso hot cake con maple.

La primera parte del recorrido atraviesa llanuras plantadas de manzanos. Aquí, el espacio adquiere una dimensión impresionante, restableciendo escalas naturales olvidadas en las ciudades.

El Chepe hace su primera parada en la hermosa villa de Creel. La población debe su nombre al gobernador de Chihuahua Enrique C. Creel, que fundó la villa en 1907. La pequeña iglesia rodeada de casas tiene una pinta acogedora, y me evoca un pueblito alemán. Se antoja mucho bajar aquí, pero tengo otros planes.

 

Viajar en las alturas

A partir de aquí se empiezan a apreciar los paisajes escarpados de la Sierra Madre Occidental. Estamos entrando en la tierra de los Raramuris, los hombres de pies ligeros, que han decidido vivir apartados de la cultura moderna. Y ahora entiendo por qué el logotipo del tren es un pie alado. Por las vías, observo pequeños grupos de mujeres vestidas con trajes de colores, falda amplia y blusa suelta. Son las mujeres tarahumaras, un México que no había visto y que muestra la riqueza étnica y cultural de este gran país.

Mientras, el panorama se vuelve cada vez más accidentado, en el tren se arma un alegre ambiente de fiesta. Los viajeros se animan, recorren el tren y se asoman a las ventanas para tomar fotos o ser retratados.

 

Divisando el horizonte

En Divisadero, el tren efectúa una escala de 15 minutos y todos los pasajeros bajamos para disfrutar de la vista sobre la barranca formada por el río Urique y el cañon de Tararecua. También se pueden comprar hermosas canastas, telas y otras muestras de la artesanía raramuri, o probar excelentes gorditas hechas con el maíz genuino de la cosecha local. Cabe mencionar que el sistema de barrancas y cañones de la Sierra Tarahumara, es 4 veces más extenso y con profundidades mayores que el Gran Cañón de Colorado.

Si te enamoras del panorama, tienes la posibilidad de quedarte en el hotel Divisadero Barrancas y volver a tomar el tren después. Yo me bajo un poco más adelante, en Bahuichivo. Ya llevo 9 horas viajando.

 

“Ecoturismo” no es sinónimo de “aburrido”

La camioneta del hotel San Isidro me espera como acordamos. Después de una rápida subida por el cerro llegamos a una villa de cabañas organizadas en torno a un pequeño jardín. Aquí proponen una gran variedad de actividades, paseos a caballo, caminatas y otras excursiones a una clientela principalmente norteamericana, me pregunto por qué los mexicanos no exploran más seguido esta hermosa parte de su país. El ecoturismo, practicado en San Isidro, toma en cuenta el cuidado del medio ambiente y el desarrollo sustentable.

Estamos hambrientos, pasamos a la cocina, y aquí nos espera una cena vegetariana. Nunca olvidaré el postre: duraznos en almíbar de la cosecha local. Nos enseñan un arbolito floreado: “Dentro de dos meses habrá durazno”. ¡Y nosotros, por supuesto, aquí estaremos!

El Chepe es una experiencia única que me mostró paisajes que no imaginaba en México, y me brindó noches inolvidables, de cielos morados y estrellados. A pesar de la inseguridad de algunas zonas del estado de Chihuahua, esta zona es segura. Sin duda la mejor manera de apoyar a la sociedad chihuahuense, es no dejar de visitar este maravilloso recorrido.

[Ver en SD]

Acerca del autor

Laetitia Thollot

Laetitia Thollot

Nací y crecí en LyonFrancia. Me encanta viajar, pero me falta mucho por descubrir. En mi última carta a Santa Claús, solicité boletos redondos a paises asiáticos como JapónNueva ZelandaTailandia y Bután.

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