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Vete de mojado, pero en Hidalgo

09 Marzo 2011 Texto // Jessica Servín Fotos // Jessica Servín

¡A correr! Ese es el grito que deberás seguir mientras realizas una caminata nocturna y eres acosado por la migra americana, los maras salvatruchas, cholos y asaltantes. Una experiencia con tres horas de adrenalina.

¿Qué lleva un migrante en su mochila?, esa es la pregunta que “el Titi” nos hace minutos antes de iniciar la experiencia. Las contestaciones van desde una botella de agua, hasta ropa o alimento. “Sí, pero también llevan esperanza, ilusión por salir adelante”, dice el Titi. Entonces saca de su mochila una bandera mexicana y continúa diciendo que el migrante persigue un sueño, que este no se olvida de su país, ni de su familia. Y antes de que termine la explicación ya estamos corriendo. El Titi agita su brazo izquierdo para indicarnos que vayamos hacia la izquierda. “Agáchense, todos al piso ahí vienen”, y casi se le va la voz, tose y se asegura de que todos estemos con él.

Somos 17 personas, es de noche y no sabemos qué va a sucedernos. Llegamos en la mañana, estamos en el Parque Eco Alberto, en Ixmiquilpan, Hidalgo.

Las sirenas de una patrulla nos alertan. Se escuchan cada vez más cerca. Hace frío pero el sobresalto nos hace sudar, respiramos agitados en medio de los arbustos. Frente a nosotros, los restos de una casa hecha provisionalmente.

La patrulla se estaciona pocos metros delante de nosotros. De ella, baja un policía, lo hace despacio y se ayuda con la luz de una lámpara. Mientras, otro por un altavoz dice: “Hey people, go back to you country!”

El primero de los oficiales saca un arma y dispara adentro de la casa. En automático avienta una bengala que llega muy cerca de nosotros. El Titi, dice que tenemos que pelarnos ya, que sino a todos nos encajuelan, que debemos correr hacia el puente, justo donde están ellos. “¡Pero ya, ya, vámonos!”, y como acto reflejo, nos tomamos de las manos para ayudarnos a levantarnos.

Una noche agitada

Corremos, pasamos junto a la patrulla y vemos cómo detiene a dos personas que venían en el grupo. No volteamos, no vemos nada pero seguimos corriendo, nos concentramos en que no debemos caer, en que hay que seguir. Más gritos, “you're arrested“, y agitación.

Las pupilas se dilatan. Se hacen grandes para tratar de ver lo más que se puede. Seguimos. Bajamos una colina, hay piedras, lodo. Titi sigue diciendo que corramos, que vayamos más rápido. Las piernas tiemblan, ya no se puede dar un paso más.

Saltamos un riachuelo, el agua nos llega abajo de las rodillas. Me da miedo resbalar, pero eso es lo de menos. Llegamos a un área más plana y Titi dice que descansemos, que ya estamos seguros. “¿A quien agarraron, vieron?”, pregunta. Pero ni hablar podemos. “Si a mi hermana”, dice una voz.

Tomamos agua, miramos el cielo, casi se pueden notar las constelaciones. Son las 10 de la noche y a penas llevamos una hora de las tres que dura la camina para vivir la experiencia de ser migrante por una noche.

Ya olvidamos que es un juego. Estamos totalmente inmersos en el tema de la supervivencia. “Están bien”, nos decimos unos a los otros, y  Titi dice que tenemos que seguir, que no hay tiempo.

 

El porqué de esta aventura

Titi dice que hace cuatro años que se fue de mojado. “Llegue a Phoenix, y puedo decirte que esto, no es ni la tercera parte de lo que se sufre. Nos piden 3 mil dólares y tenemos que caminar tres días para llegar, si es que lo logramos”.

Pero desde que regresó a El Alberto, en Hidalgo, no ha tenido ese sentimiento de desesperación que lo hizo una vez dejar a su familia. Ahora, trabaja con la comunidad y apoya en las caminatas nocturnas donde se hace pasar por un “pollero”. De hecho, todo el parque es atendido por esta comunidad donde el 70 % de ellos han sido migrantes. Hablan hñähñu (otomí), español y también inglés.

La experiencia inicia desde que van por ti, y Titi explica el porqué hace el tour, que lo realizan desde seis años para crear conciencia sobre las personas que se van, para generar un tipo de educación para que ni lo pienses, para que la idea no cruce por tu cabeza.

La caminata es entre las 21:30 y 22 horas. Se necesitan mínimo 20 personas. Debes llevar ropa que no te importe si se rompe o no y botas para montaña de preferencia. Camiseta de manga larga para protegerte de las plantas y espinas, sudadera para el viento y agua. Pero sobre todo valentía y como dice Titi, ganas de vencer tus miedos. Durante el paseo tendrás que enfrentarte con cholos, rateros, falta de agua, y animales. El objetivo es que no te atrape la migra, si lo hacen, te llevarán de regreso y tendrás que comenzar de nuevo.

Al final, hay una sorpresa, cuando Titi te venda los ojos, hace que camines un par de kilómetros y reconoce que está vez sí cruzaste la verdadera frontera, la de la conciencia. Ese es el verdadero sueño, el de saber que eres mexicano y tienes que trabajar por y en tu país. Entonces, el gran Cañón, que rodea la comunidad de El Alberto, se llena de antorchas, cada una simboliza a los que se fueron y no lograron el sueño americano.

 

 

GUÍA GIRAFFE
El parque EcoAlberto está a dos horas aproximadamente de la Ciudad de México, vía carretera México-Pachuca. Entrada al parque 65 pesos. Caminata nocturna 100 pesos.

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