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Mayo09

Viaje al fondo del Amazonas

09 Mayo 2010 Texto // Jessica Servín Fotos // Jessica Servín

Siento miedo, llevamos navegando sobre el Río Amazonas poco más de 10 minutos. No hubo chance ni de reconocernos en este lugar. Llegamos luego de dos horas de vuelo desde Bogota y los 36° C comenzaron, sin darme cuenta, a hacer estragos en mi cuerpo.

Siento miedo, llevamos navegando sobre el Río Amazonas poco más de 10 minutos. No hubo chance ni de reconocernos en este lugar. Llegamos luego de dos horas de vuelo desde Bogota y los 36° C comenzaron, sin darme cuenta, a hacer estragos en mi cuerpo.

Tan rápido como pudimos nos subimos al bote y salimos al recibimiento de la grandeza natural inexplicable, quizás exótica. “Existe un pez, el candirú o vampiro que se mete por los orificios del oído, la nariz o la vagina y te come todo por dentro hasta matarte”, cuenta Archi, nuestro guía.

Tal vez esta sea la oportunidad de mirarse a uno mismo y de quitarse ese cliché de que este, el universo amazónico es un lugar inhóspito para el ser humano. No lo sé, tengo hambre y devoro una versión de hamburguesa que para mí es la mejor, es histórica. La mostaza se me embarra en la cara, el viento es constante y ensordecedor.

Aquí se cuentan muchas historias, la de los indios que aún son caníbales, la de los viajes del yagé (la ayahuasca mágica de la amazonía) sin regreso, la de las ceremonias de los yaguas donde se les arranca el pelo a las mujeres que han tenido su primera menstruación. Pero también está la historia de que una vez que conoces una pequeña parte de este último rincón del mundo, se desee, con algo más que el puro corazón, volver, encerrase en medio de la selva y nunca regresar a lo citadino.

SONORA OSCURIDAD

Jorge Luis, mi compañero de viaje, desde niño ha leído de la Amazonía, él me contagió ese frenesí, esa emoción de que se está a punto de cruzar el límite. Lo único que me pidió antes de subir al avión es que lo dejara sentarse a lado de la ventanilla. Minutos antes de aterrizar la serpiente gigante del río se hacia visible y un mar de brócolis nos daba la primera imagen del Amazonas visto desde el cielo.

Para recorrer todo el río Amazonas se necesita un mes, pero nosotros sólo teníamos cinco días. La noche en Puerto Nariño, nuestro primer punto en el itinerario, inicia a las cinco de la tarde.

Estamos recién desembarcados, tomamos cerveza y comemos un tamal de arroz con pollo envuelto en hoja de plátano, no hay televisión ni Internet y las callecitas empedradas están llenas de casas de madera y árboles de totumo que en las noches, son el hogar de los micos, de las aves y de multitud de bichos.

Son las nueve de la noche, tratamos de dormir pero el calor no nos deja y eso que no estamos en junio, el mes más caliente, hasta 40 °C.  El ventilador de la habitación no funciona porque la luz eléctrica se apaga al medio día. Tampoco la comezón se aguanta y eso que nos embadurnamos de repelente. Pasamos un tiempo escuchando los sonidos nocturnos, el canto de los grillos, el grito de un animal.

 
DELFINES ROSADOS

Despertamos a la madrugada con el ruido de los micos. Desayunamos papaya  y huevos revueltos. Corrimos para encontrarnos con Archi, nos prometió que veríamos delfines rosados. Antes hicimos una parada en una miscelánea para comprar un par de botas de plástico, este también sería el día de caminar en la selva y no llevábamos el calzado correcto.

Navegamos rumbo al Lago Tarapoto. Lucas, nuestro conductor, apagó el motor, teníamos que estar en silencio y esperar. En el agua flotaban Victorias Regias, unas hojas circulares de hasta tres metros de diámetro, dicen que pueden soportar un peso de 40 kilos. “Ahí está uno”, dice Archi, había como seis y se acercaban poco a poco a nosotros. Para ver muchos más es mejor el mes de noviembre, cuando se aparean.

 

EN MEDIO DE LA SELVA

La comida la hicimos en el Parque Natural Amacuyaca, que en lengua quechua significa “Río de las Hamacas”. Tiene más de 100 especies de mamíferos y 500 aves. Probamos el Pirarucú frito, el pez más grande en escamas que hay en el mundo, llega a pesar hasta 200 kilos, y lo acompañamos con un jugo de copoazú, otra de las frutas típicas, su sabor es similar al del melón pero más dulce.

En el parque te puedes quedar a dormir si lo deseas, hay malocas (como los indígenas llaman a sus casas), construidas sobre palafitos de madera porque cuando llueve el agua del río sube y se inunda todo el lugar. Hacemos un recorrido por el sendero interpretativo donde está una de las Ceibas más grandes del Amazonía, casi 70 metros de altura.

 
A LAS COMUNIDADES

Del parque a la comunidad de Macedonia son 15 minutos. Esta etnia cultiva la chagra tradicional (técnica para manejar la tierra), mientras las mujeres siembran y recolectan yuca, los hombres cultivan la coca y el tabaco.

“Aijuna” dice una niñita, que significa “hola” en yagua. Ella lleva cargando un oso perezoso. Lo acariciamos y casi lo cargamos. Seguimos nuestro camino. La mayoría de los indígenas del Amazonía (unos 23 grupos entre Huititos, Ingas, Yaguas y Ticunas) elaboran artesanías en madera palo sangre, pinturas en yanchama, mochilas y collares en chambira que son semillas y corteza de árboles.

Alguien me tocaba el hombreo y cuando me di vuelta un hombre me mostraba el rostro de una serpiente cascabel dorada, pegue un salto que casi tiro el puesto de artesanías. El hombre, me dijo que su serpiente no es venenosa, que hay unas 2 mil especies, que no le tenga miedo, “si no les haces nada no te morderán”.

Nos despedimos para viajar por el río unos 30 minutos más hasta la Reserva Natural de Marasha, aquí nos esperaba el reto de cruzar la selva en una caminata de una hora para pescar pirañas y observar, en total oscuridad, los ojos brillosos del caimán. “Buena suerte y buenas noches”,  dijo Archi cuando nos dejó en manos de Italo, nuestro nuevo guía. No sé por qué, pero comencé a sentirme en una película de Hitchcock. Y parecía que estaba a punto de pasar algo...

www.fondodepromocionamazonas.com

GUIA DE VIAJE

LLEGA: Quality Mayorista de Viajes (www.qualitymayorista.com) Programa de siete días 6 noches por persona en habitación doble categoría primera desde $2,175 dólares. Incluye: avión México- Bogotá- Leticia- Bogotá - México. Traslados, alojamiento en los hoteles de tu elección. Desayuno diario, dos almuerzos y tres cenas. Impuestos hoteleros. Tour de ciudad en Bogotá y Cerro Monserrate. Todas las excursiones en la Amazonía (Leticia) Guía especializado. Seguro de viajero e impuestos aéreos.

QUÉ LLEVAR

Ropa cómoda de algodón o material impermeable, camisas de manga larga para las visitas a la selva, sombrero o gorra, repelente, medicamentos personales, botas de plástico altas para caminar en la selva, protector solar y lámpara.

VACUNAS

Por prevención vacunarse contra la fiebre amarilla. Mínimo con 10 días de anticipación al viaje. Instituto Nacional de la Nutrición. Vasco de Quiroga No 15. Lunes a viernes de 8 a 14 horas. Costo 350 pesos por vacuna.

IMPUESTOS

Al salir de Colombia, tendrás que pagar un impuesto si es que la aerolínea no lo incluyó que es de 12 dólares aproximadamente.

SOBRE EL DESTINO: Proexport Colombia www.proexport.gov.co

TIPO DE CAMBIO: 1 dólar a 1,914 pesos colombianos

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