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Oct15

492 kilómetros por las Misiones de Sonora

15 Octubre 2010 Texto // Jessica Servín Fotos // Jessica Servín

Viajar por carretera no es hacerse fan de la guía Michelin o apoderarse del GPS, no. Es cargar en el iPod muchas melodías, sobre todo las que se puedan cantar; dejarse sorprender por los paisajes, llevar agua, algunas barras energéticas y sí, que los acompañantes tengan buena y divertida charla, se aceptan chistes.

Allá vamos, nuestra meta es conocer Sonora y recorrerla desde Hermosillo hasta el Noroeste para llegar a Puerto Peñasco. Si consideramos que el Estado de Sonora es el segundo más grande de la República Mexicana, quizás hasta sea un reto para todo amante del turismo carretero.

 

POR LAS MISIONES

El horizonte se llena de saguaros (plantas endémicas del desierto), llevamos 20 minutos en la autopista desde que salimos de Hermosillo. Son las 8:30 de la mañana y según nuestro mapa vamos sobre la carretera 15, esa que nos llevará directo a la primera misión: Cocóspera.

Las montañas que bordean nuestra ruta revelan que vamos por buen camino, aunque nos faltan más de 90 minutos para iniciar con la que el Padre Kino heredó a los sonorenses durante el siglo XIX, la Ruta de las Misiones.

Y llegamos a Cocóspera situada en lo alto de un peñasco, en el valle de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera. Aunque sólo se puede observar su fachada y algunos indicios del tamaño que tenía, es impactante como el tiempo se ha quedado congelado en una ruina y la labor que los jesuitas ejercieron.

Después hay que seguir a San Ignacio de Cabórica, un templo del sigo XVII y uno de los mayores exponentes de la religiosidad del pueblo, y es que dentro de la iglesia yace San Francisco a quien el 4 de octubre se le dedica una fiesta patronal y como su figura de porcelana es de tamaño original, se dice que quien no pueda cargar al “santo” no tiene verdadera fe. En este sitio también están los restos mortales del Padre Kino, quien falleció en 1711.

Al término de la visita lo mejor es tomar un descanso y comer en un clásico, el Restaurante “El Toro” (Niños Héroes y Misión de Dolores. Tel. (632) 3220375), donde ya puedes iniciar tu estudio sobre la gastronomía sonorense. Por ejemplo, ordena unas “Chivichangas”, elaboradas de carne que se corta en tiras delgadas y se sazona para revolverse como machaca.

Fotos: Jessica Servín

Cielos azules, tranquilos, con sus nubes a prueba de la imaginación. Hablamos de las sensaciones, esas que a la llegada de cada Misión se percibe como una paz forzada, donde la fe –si es que no la tienes- te llega, te cautiva y entonces sí, comienzas a creer en algo, en que por esa razón estás ahí.

El siguiente punto es Tubutama donde está la misión de San Pedro y San Pablo, ambas coloniales, blancas, de película. Aquí vivió Kino, hoy su casa es un pequeño museo que posee una interesante y valiosa exhibición de figuras religiosas, ornamentos y otros artefactos pertenecientes a la vieja misión.

Oquitoa es la quinta de ellas, en su interior se observan algunas pinturas de aceite como un crucifijo y antiguas esculturas como la estatua de la Dolorosa y el santo patrón San Antonio de Padua. Pero vamos más rápido que Átil nos espera. Esta misión data de 1751 y es obra del jesuita Jacobo Sedelmayer. Aunque ya sólo quedan algunas ruinas de lo que fue, se aprecian detalles del tipo de obra que se edificó y algunas litografías que muestran su verdadero esplendor.

 

LLEGAR A LA META

El itinerario dice que el siguiente punto se notará desde la carretera, Pitiquito donde está la iglesia de San Diego Pitiquito construida en el siglo XIX. Su particularidad es que dentro de ella se observan dibujos apocalípticos entre ellos la muerte. Finalmente está Caborca, una de las más hermosas para mi gusto y quizás la de mayor área.

Actualmente está en remodelación y se nota desde su fachada detalladamente cuidada que, al atardecer, cambia de color por el contraste del sol al ocultarse. Fue conocida como Misión de la Purísima Concepción de Nuestra Señora de Caborca y sirvió como bastión militar en la batalla contra los filibusteros. ¡Ah! de este lugar no te puedes ir sin comer una coyota (un tipo de hojaldre relleno), mejor si es helada, las hay de piloncillo, guayaba y membrillo.

Hemos estado de una misión a otra de 15 a 20 minutos, mismo tiempo que nos llevó ir de una a otra. La música debe ser constante. Derepente es mejor dejar que el propio ambiente nos hable.

Abrir las ventanas, invitar al viento, a los pinos, a las mariposas y pequeñas ardillas que también acompañan nuestro camino y con suerte, hasta tengas que detener tu vehículo para dar el paso a las vacas. El atardecer ha caído y es hora de viajar dos horas más para llegar a la Reserva de la Biosfera El Pinacate, donde un clima diferente nos espera, también el descanso nocturno y el desierto...

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