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Dic13

Una noche en el desierto

13 Diciembre 2010 Texto // Laetitia Thollot Fotos // Laetitia Thollot

Al caer la noche, el Convento del Desierto de los Leones se llena de un ambiente misterioso, propicio para evocar su historia repleta de anécdotas y leyendas.

Muchos me habían hablado del Parque del Desierto de los Leones como una buena opción para organizar un día de campo, e incluso un domingo di un paseo por las nueve ermitas del lugar, pero nunca pensé ir de noche. En la oscuridad está rodeado por una aura de misterio, y parece que unos seres místicos siguen orando entre sus muros. David, nuestro guía, nos introduce a un pasillo decorado de columnas donde nos cuenta la leyenda de la fundación del lugar.

 
Principios difíciles

Al empezar el siglo XVII, los frailes Carmelitas de Puebla estaban en busca de una nueva ubicación para establecerse. Necesitaban un lugar tranquilo para desarrollar sus reflexiones, lo más alejado que se pudiera de la sociedad y sus tentaciones: un Desierto, con el sentido bíblico del término. Dos frailes recorrían el actual Bosque de la Cruces, cuando se toparon con un indígena que les preguntó que es lo que estaban buscando. No le hicieron caso y siguieron su camino, pero volvieron a encontrarlo, y esta vez les reveló que sabía lo que buscaban y les propuso llevarlos al sitio. Los Carmelitas identificaron más tarde a este hombre como San Juan Bautista, quién habría aparecido para indicarles donde realizar el Santo Desierto.

Cuando se instalaron aquí, los frailes encontraron un entorno muy agreste y violento. Tenían que lidiar con el clima húmedo y frío de la montaña, y convivir a menudo con grupos indígenas que los toleraban, pero que seguían practicando sacrificios. El lugar era tan hostil que parecía que sólo faltaban los leones para que fuera completamente salvaje, de ahí vendría la segunda parte del nombre. Pero existe otra explicación. Desde que se establecieron aquí, los Carmelitas fueron demandados por varios dueños, que reclamaban la posesión del terreno donde está edificado su convento, así que encargaron a los hermanos León su defensa ante la justicia, lo que habría transformado el lugar en el Desierto de los leones.

Pasamos por el antiguo patio conventual, desde donde se puede apreciar la fachada original del templo, con su escudo de la orden del Carmen. La humedad desgastó una gran parte del edificio y en 1722 los frailes empezaron la obra de reconstrucción, pero pusieron la entrada principal del lado opuesto. A finales del siglo XVIII, edificroan otro piso, para poder recibir a más frailes.

Vida cotidiana

Hay una sala indicada con el nombre de Cuarto de los oficios humildes, curiosa expresión sinónima de baño, pero que se refiere a quienes lo tenían que limpiar. En el lado derecho se encuentra una profunda zanja que servía para el desagüe de las letrinas. David nos muestra que los arcos que adornaban el lugar no sólo tenían un papel arquitectónico, sino que también servían para captar el agua que caía de los techos y que se acumulaba en pilas donde se podía ocupar para las necesidades de la vida cotidiana. Esta genial innovación en materia hidráulica fue desarrollada en muchos de los espacios del convento por Fray Andrés de San Miguel, su arquitecto.

Visitamos una celda de fraile. Cuenta con una silla y una mesa, muebles muy importantes, ya que los Carmelitas pasaban gran parte de sus días plasmando reflexiones en cuadernos. Al lado izquierdo está la cama, una tabla de madera sujetada a la pared por cadenas, donde estoy segura que no conseguiría dormir. Los frailes cuyas familias contaban con cierto poder económico tenían un pequeño vestíbulo para recibir visitantes y existían celdas más humildes.

Todas las condiciones estaban reunidas para lograr tener una vida ascética. Cerca de las celdas, se encuentra una pequeña capilla tétrica con un ataúd en medio. David explica que cuando fallecía un fraile lo velaban aquí, antes de enterrarlo en la nave central del templo.  Pero su mayor utilidad era brindar ayuda a los frailes cuando se encontraban acosados por el Demonio en medio de la noche. En esta época barroca, el Maligno no solía siempre aparecer con cuernos de chivo, patas hendidas y olores a azufre, sino detrás de cualquier tentación que acosaba al cuerpo para llegar a satisfacciones que más valía reprimir, si no quería uno arder para siempre en las calderas del Infierno.

 
Secretos bien guardados

Caminamos casi en completa oscuridad hacia la Capilla del Secreto, perdida entre las huertas del convento. En este cuarto abierto sobre los jardines se antoja sentarse y meditar. Pero el lugar tenía otros usos. Los frailes tenían prohibido hablar entre ellos, y si era absolutamente necesario, tenían que pedir permiso al Prior. Cuando éste los autorizaba a conversar, venían aquí, se colocaban en dos de sus esquinas dándose la espalda y hablaban por medio de hoyos hechos en la pared.

Llegamos al Humilladero, lugar donde los frailes se castigaban azotándose. El grupo se acomoda bajo la pequeñísima bóveda para escapar del frío y oír historias de Santa Teresa de Ávila o de Madame Calderón de la Barca, quién contó en 1840 su visita al convento, en su libro Vida en México. David nos comenta que numerosos turistas han afirmado haber sido guiados en su visita por un fraile con vestimenta de época, tan desinteresado que a la hora de recibir su propina había desaparecido. Ahora tenemos la impresión de ver siluetas misteriosas en todos los pasillos y jugamos a espantarnos.

Finalmente, todos tomamos una vela y nos adentramos a los subterráneos del convento. Mientras avanzamos la temperatura y la humedad van aumentando, David nos explica que estos túneles fueron construidos con el propósito de mantener una temperatura soportable adentro del edificio. En este lugar los frailes escondieron reliquias, algunas fueron encontradas, pero es probable que muchas permanezcan aquí, esperando a los arqueólogos del porvenir.

Nos dirigimos hacia la salida del convento, cuando de repente un compañero se nos acerca con la cara algo pálida, afirmando que acaba de ver a un fantasma detrás de unas rejas. ¡Qué suertudo, de él sí se despidieron!

La visita nocturna al Desierto de los leones sólo es posible con “Recorre y descubre”, un grupo de especialistas que organiza visitas guiadas a diferentes puntos desde la Ciudad de México.
Conoce sus recorridos y fechas en:
www.recorreydescubre.com
T. (00 52 55) 24 58 46 05

Acerca del autor

Laetitia Thollot

Laetitia Thollot

Nací y crecí en LyonFrancia. Me encanta viajar, pero me falta mucho por descubrir. En mi última carta a Santa Claús, solicité boletos redondos a paises asiáticos como JapónNueva ZelandaTailandia y Bután.

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