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Nov17

Casa Sierra Nevada

17 Noviembre 2009 Texto // Francisco Ferrer Fotos // David Paniagua

Es viernes, y en lugar de hacer una fuga a la playa, mejor damos la vuelta y tomamos carretera vía Querétaro para llegar a San Miguel de Allende, Guanajuato. Desde que llegas las delicias parecen no tener fin y tú, mientras tanto, piensas que esa puede ser una de las razones por las que muchos extranjeros que la visitan deciden quedarse en ella hasta morir.

Fotos de Adriana Garibay y David Paniagua: Photoholics

Casa Sierra Nevada

Además de sus románticas callecitas empedradas y sus casas coloniales pintadas de azul, verde y morado, los huéspedes exigentes no tendrán ninguna queja. Y es que aquí prácticamente las haciendas o casas de antiguos porfiristas han sido remodeladas y adaptadas como hoteles. Todos son hermosos, con bellos jardines y decorados con artesanías locales. Como el Sierra Nevada, que además de tener varias casas para el gusto de sus clientes, terminas tan consentido que de verdad, no querrás irte.

Y pedimos, por lo tanto, el desayuno a la cama. Crepas o waffles. Pues las dos, y compartimos. Eso, más un plato de frutos rojos con queso cottage. Sumado a un café expresso de la maquinita que está disponible en la pequeña sala de nuestro acogedor cuarto. Creemos que todavía nos falta mucho por ver y tenemos la sensación de que regresaremos muy pronto.

Lo siguiente por hacer es tomar un masaje en el spa del hotel y relajarnos con una última caminadita. Entonces bajamos por la Calle Allende y seguimos hasta la antigua fábrica de textiles La Aurora (www. fabricalaaurora.com), hoy un moderno centro artístico con galerías, restaurante y hasta bar de vinos. Así es como nos despedimos de la ciudad, presumidos por nuestras compras y lujuriosos, capaces de disfrazarnos de algún actor de cine, hacernos pasar por uno de los tanto herederos de Cantiflas -quien vivió aquí y su casa ahora es un hotel-, todo lo que sea necesario para hacernos pasar por un sanmiguelense.

 

Día de placeres

Nada gratuito que aquí se haya gestado la conspiración de independencia. La ciudad tiene un carácter que se comienza percibir por la calidad de sus restaurantes, como el Andanza de la Casa Sierra Nevada que en su menú sugiere ordenar unos molletes benedictinos con lomo asado y salsa chipotle, acompañados por jugo de toronja y café. La obra es realizada por el chef Gonzalo Martínez.

Pero como en toda ciudad pequeña lo mejor es conocerla a pie. Entonces bajamos hasta la plaza central, donde está un enorme jardín que por las noches es rodeado de mariachis. En él, los turistas ya se han apostado para desayunar en los pequeños cafés resguardados bajo los arcos y algunas vendedoras de flores ofrecen su mercancías en las escalinatas de la Parroquia de San Miguel Arcángel, edificación que fue rediseñada a principios del siglo XX por un maestro albañil, don Seferino Gutiérrez, quien a partir de una postal de la catedral de Colonia en Alemania, que uno de sus patrones le regaló, realizó este modelo.

Dos cuadras a la izquierda, está la calle de Zacateros donde las tiendas de artesanías ya están abiertas y la tradición es adquirir vidrio soplado, latón o figuras realizada en papel maché.

 

Ciudad con sazón

Pero tenemos que regresar al hotel, nos han reservado una clase de cocina en la escuela Sazón (www.sazon .com), dirigida por el chef Gonzalo quien nos enseña durante un par de horas cómo hacer pollo en pipián, salsas de xoconostle y buñuelos, todo lo saboreamos.

Para bajar la tremenda comida tomamos un paseo en tranvía para conocer la parte histórica de la ciudad. El tour dura una hora, hacemos dos paradas, una en el Mirador y otra en la Biblioteca Pública. Observamos los nichos de cantera que hay en varios edificios de la ciudad y seguimos hasta la plaza de toros, construida a finales del siglo XIX y que durante las fiestas se dan cita los mejores corta orejas. Visitamos el Instituto Allende donde se imparten clases de artes y el ex convento de La Concepción conocido como el Centro Cultural Ignacio Ramírez, que conserva en su interior un mural de David Alfaro Siqueiros. Más abajo otro icono de la ciudad, el Teatro Ángela Peralta, de estilo porfiriano y abierto todos los días.

Fin del tour y hora de la diversión. San Miguel de Allende cuenta con mucha vida nocturna y bares para charlar mientras bebes una copa de buen vino o una cerveza. Ojo, no perderse en algún momento del día su famoso postre los tumbagones, una pequeña tortilla de pasta de harina de trigo en forma de tubo, espolvoreada con azúcar glas. El dulce típico y adictivo de los sanmiguelenses.

Fotos de Adriana Garibay y David Paniagua: Photoholics

 

Para no perder el tiempo

Maneja desde la Ciudad de México

Son tres horas aproximadamente.

Casetas: 243 pesos.

www.sct.gob.mx

 

Duerme:

Casa de Sierra Nevada

Perteneciente al grupo de Orient-Express Hotels. 37 habitaciones.

www.casadesierranevada.com

 

Más del destino en:

www.turismosanmiguel.com.mx

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