separador

Inicio Ideas de Viaje Room Service Cuentos que cobran vida
Oct21

Cuentos que cobran vida

21 Octubre 2010 Texto // Laetitia Thollot Fotos // Laetitia Thollot

Como salido de Las mil y una noches, La Mamounia es un hotel mítico de Marrakech, lleno de experiencias para todos los sentidos y cuidado en cada detalle. Conoce este monumento al estilo de vida marroquí y comienza a planear tu viaje.

Erase una vez en el Reino de Marruecos, un palacio mágico donde todo alegraba los sentidos e invitaba a gozar la vida. A la hora de irse, a los huéspedes les costaba abandonar tantas bellezas, pero aquel lugar permanecía en sus memorias con tanta fuerza, que cuando vivían tiempos difíciles encontraban refugio en sus recuerdos. No, no invento historias como los cuentacuentos marroquís, aquella mansión encantada sí existe y desde que dormí entre sus muros se apoderó de mí el curioso sortilegio.

Atravieso un pequeño jardín, llego delante de un portón y no tengo que pronunciar fórmulas mágicas para que se abra. Me abren tres guardias gigantescos con trajes blancos y chalecos rojos, que sonríen misteriosamente con aires de genios de los cuentos de Las mil y una noches. En el hall me llama la atención una charola de un metro de ancho llena de dátiles. Es octubre, el mes ideal para consumir este fruto de la palmera cuya piel arrugada resguarda la miel más dulce, el alma de Marruecos. Acompaño un dátil con el vaso de leche de almendra que me regala mi anfitriona Aicha en señal de bienvenida, la combinación es un néctar de los Dioses.

Pero aquí las frutas secas no sólo se comen, también se respiran bajo la forma de un sutil buqué que flota por las galerías, una verdadera carta de presentación del hotel elaborada por el creador de perfumes Olivier Giacobetti. A menudo olvidamos lo que vemos, pero los olores tienen el poder de quedarse para siempre en nuestras memorias. Ahora mismo, con tan sólo recordar esos aromas, tengo la impresión de estar de regreso a La Mamounia.

Me adentro por la Gallerie Majorelle, un salón Art Déco que homenajea al pintor francés que regaló a Marruecos este tono de azul tan único, conocido como Bleu Majorelle. Ondulan curiosos sillones en un ambiente rojo enmarcado por madera y yeso esculpidos. Al final de la galería, el camino se abre sobre la profunda perspectiva de una alameda de grandes oliveros que separa en dos el parque. El eje pasa debajo de un pórtico llamado Menzeh que ofrece golosinas de pasta filo rellena con preparaciones a base de dátiles, coco, almendras, cacahuates y aromatizadas con flor de naranjo. Se antoja mucho pasar la tarde aquí, aprovechando la frescura del aire embelesado por los jazmines y otras esencias vegetales.

 
El planeta Mamounia

Mi llegada al mundo de los cuentos árabes es el resultado de una plática que tuve con mi amigo Sebastián, en boca de quién oí por vez primera mencionar el lugar en estos términos: “Cuando estás ahí, te olvidas por completo del mundo exterior, podría no existir”. Es verdad que La Mamounia es un hotel-destino que además de llenar al visitante con sus embrujos sensoriales cuenta con todo para ocuparlo durante su día. Diseñado como un pueblo fortificado, sus muros resguardan espléndidas albercas, hammam o baños turcos, gimnasio y cuatro restaurantes donde se puede probar cocina de autor de inspiración italiana, francesa y marroquí. Además, a lo largo del año se llevan a cabo exhibiciones de tenis, fashion shows, eventos navideños y el Premio Literario de la Mamounia que se entregará este próximo 6 de noviembre a un autor marroquí escribiendo en francés.

Recuerdo que cuando era niña, en la plaza del pueblo donde iba de vacaciones solía pasearse un vecino viajero ataviado con uno de esos vestidos blancos que le daba aires de sultán, los tradicionales djellabah, que siempre he deseado. En la tienda de la diseñadora marroquí Fakhita Sebti puedo satisfacer este gusto y descubro que en realidad prefiero los caftanes, prendas de forma parecida pero ricamente adornadas que se usan para las fiestas. Para transformarme en lugareña, adquiero uno de color azul turquesa con motivos marinos.

Estoy en el balcón de mi cuarto y me siento como Scheherazade disfrutando la tranquilidad del jardín y el canto de los pájaros, cuando desde la torre de la cercana mezquita de la Koutoubia empieza a cantar el muézin, el vocero que llama a los fieles a rezar. Es la hora en que los edificios se dibujan como sombras chinas en el rojo del cielo, recuerdo que estoy en Marrakech y se me ocurre ir a dar una vuelta por la plaza Djemaa el Fna, el corazón de la ciudad. En este hotel con nombre de mujer, salir o quedarse es siempre un difícil dilema ya que ambas elecciones llevan consigo el sentimiento de perderse algo valioso e irrepetible.

Fotos: Cortesía Hotel Mamounia

 
Mortales en el jardín de Edén

Todo empieza en el siglo XVIII cuando el sultán Ben Abdallah, al casarse su hijo Mamoun, le regala un jardín de ocho hectáreas situado al exterior de las fortificaciones de la medina. Cuentan que el pasatiempo del príncipe era organizar aquí fastuosas nzaha, "fiestas en el jardín" en árabe. En abril, cuando las flores perfumadas de los naranjos, jazmines y buganvillas blancas se abren, debía de ser muy agradable hacer parte de los invitados.

Cuando Winston Churchill visitó Marrakech en 1935 se enamoró de sus escenarios y estableció en La Mamounia su residencia de invierno. Acostumbraba pasar largas horas en su balcón para reproducir el panorama en lienzos que ahora se pueden ver en Londres en el Museo Churchill. Pero el famoso primer ministro de Inglaterra sólo es una de las numerosas celebridades que han residido aquí. También se cuentan estrellas del cine como Kirk Douglas, Silvester Stallone, Tom Cruise, Nicole Kidman, Sharon Stone y Richard Gere, además de rockeros como los Rolling Stones, Elton John o el diseñador Yves Saint Laurent. Sería muy largo nombrar a todos los amantes de este hotel fuera de lo común que ha sabido seducir a sus huéspedes.

Mis maletas están listas y me esperan en la puerta. Tengo que llegar a tiempo al aeropuerto, pero lo que me preocupa más es regresar aquí algún día, entonces recuerdo una palabra en español que invoca a Alá: ¡Ojalá! o como se dice en árabe: Insh’allah!

La Mamounia. Marrakech, Marruecos:

www.mamounia.com

Acerca del pintor Louis Majorelle:

www.louis-majorelle.com

Museo Churchill de Londres:

http://cwr.iwm.org.uk/server/show/nav.221

Acerca del autor

Laetitia Thollot

Laetitia Thollot

Nací y crecí en LyonFrancia. Me encanta viajar, pero me falta mucho por descubrir. En mi última carta a Santa Claús, solicité boletos redondos a paises asiáticos como JapónNueva ZelandaTailandia y Bután.

¡Comparte tu experiencia!

ID opcional. Ningún campo es obligatorio.

Inicio Ideas de Viaje Room Service Cuentos que cobran vida