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Nov24

Texas carretero

24 Noviembre 2011 Texto // Ignacio Galar Fotos // Ignacio Galar

Houston, San Antonio y Austin son ciudades con las que el fotógrafo Ignacio Galar se vuelve a encontrar después de muchos años. Con palabras e imágenes nos cuenta su recorrido por el estado de Texas.

De pronto se agolparon un sinfín de recuerdos. Cuando mi primo apareció tras el cristal del aeropuerto, se atravesaron por mi mente una sucesión de anécdotas y añoranzas y recuerdos: borracheras interminables, caminatas por el pueblo de mi padre, que era el suyo también. Tras más de 15 años de no vernos, ahí estaba - en los dos - la viva imagen del paso del tiempo; de que los tiempos cambian, como reza una vieja canción.

Texas relucía bajo un cielo sin nubes, y un aire caliente que lo impregnaba todo. Lo cierto es que habíamos partido de un selvático país - como es México - y habíamos aterrizado en una ciudad frondosa, única, laberíntica, que creíamos impenetrable. Por varias razones...

I. Houston

Única y frondosa, porque es un conglomerado de rascacielos. Tiene, además, la peculiaridad de contar con túneles subterráneos con entradas a cada edificio del centro, lo cual la hace parecer como una ciudad diseñada para cualquier tipo de clima. Laberíntica, porque esta urbe es la cuarta más grande de USA y parece no terminar entre freeways y salidas espontáneas que llevan justo a tu destino, pero que, si te equivocas, podrían hacerte perder por un par de horas, por lo que es obligado el uso de un GPS para moverse. Así que el clásico: “Houston, tenemos problemas”, era una voz constante en todo el viaje: ya como una manera de relajarse y reír un poco, ya como una añoranza juvenil.

Era un hecho: la ilusión de haber crecido bajo la idea de que esta ciudad era habitada por puros astronautas y que era una ciudad construida para la NASA, nos exhortó a realizar una visita al centro espacial. Era una parada obligada. Para ello, aprovechamos primero un fin de semana para ir a Kema, una zona con playa a unas cuantas horas de la ciudad y que está de paso al centro espacial, donde hay un parque de diversiones con el mismo nombre con una rueda de la fortuna y diferentes juegos mecánicos, que hacen de este lugar un clásico de la zona. Pero además, hay una plaza al centro con una gran fuente en donde uno puede refrescarse jugando con el agua.

II. San Antonio

El plan original contemplaba un viaje en auto de Houston a San Antonio por la autopista 71, un recorrido que dura aproximadamente tres horas en una carretera que es, en realidad, aburrida, ya que es una recta interminable. Sin embargo, si uno nunca ha manejado en este país se agradece fuertemente. Eso sí, el problema es la llegada a la ciudad, pues tiene una serie de desviaciones en donde la pericia del conductor está a prueba. Llegando al centro, la ciudad se transforma en un conglomerado de edificios de mediados del siglo XX, con monumentos históricos como el Álamo, lugar donde se libró una de las batallas entre México y la naciente República de Texas.

La ciudad está construida en torno al río San Antonio, un lugar completamente turístico lleno de restaurantes y bares con todo tipo de comida; aunque, claro, lo que más abunda es la mexicana. El primer día lo puedes dedicar a recorrer todas las misiones novohispanas que se encuentran al sur de la ciudad: un conjunto de monumentos del siglo XVIII que los colonizadores llegados de México construyeron como símbolo de la cristiandad y que sirvieron para llevar la religión por toda la zona. Recorrer el centro es un agasajo arquitectónico, porque parece atrapado en una época.

Un lugar indispensable de visitar es la casa de antigüedades Álamo: una tienda de tres pisos donde lo mismo se puede conseguir muebles del siglo XIX, discos de acetato, una colección completa de la revista Times: es un museo furtivo que ofrece una visión muy partícula de la cultura de Norteamérica.

III. Austin

A la mañana siguiente partimos rumbo a Austin, la capital del estado, y la única gobernada por el partido demócrata. La experiencia en esta ciudad gira en torno a la música en vivo: la calle sexta - en el centro - está llena de bares y clubs en donde es casi inexcusable el contar con un atractivo de músicos en sesión. Caminando por la calle principal uno llega al río Austin. Por cierto, por la tarde, en este lugar, se puede ver una de las comunidades de murciélagos urbanos que salen de su escondite desde el puente Cesar Chávez, como una parvada que asemeja una gran nube negra.

Dos días después partimos de regreso a Houston por la autopista 71 que para los amantes del volante es una maravilla, y que como escenario de una película de terror, muestra como el lado B de este rico estado: entradas descuidadas a ranchos y bardas con vacas al pie de la carretera, que pasan el día viendo pasar los autos.

Al final, queda una sensación de gratitud. Porque algo es indiscutible e irrefutable: cuando uno planea hacer un viaje por Texas lo último que se imagina es encontrar un lugar lleno de gente cálida y amable. Y eso fue lo que nos sucedió: que encontramos en esta ciudad a gente no sólo cálida y amable, además, dispuesta a ayudar a cualquier viajero.

 

 

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