Artículos etiquetados con: Oaxaca

¡Bienvenido al paraíso!

por Francisco Ferrer, · 18·03·2012

Atraviesa la plaza de Santo Domingo, con sus jardines de agaves y entra al templo más deslumbrante de Oaxaca, hecho para que pienses que estás entrando a un lugar celestial.

México hecho bebida

por Enrique Escalona, · 14·01·2012

Una vez que te atrapa no podrás dejarlo, buscarás tomarlo como aperitivo o después de comer, lo elegirás si quieres celebrar o llorar, lo evocarás cuando no lo tengas, te hará conocer a todo tipo de gente y si sabes gozarlo no te traicionará.

¡Frida vive!

por Enrique Escalona, · 23·02·2011

DEL DÍA EN QUE FRIDA ME OFRECIÓ UN PLATO DE MOLE

Iba caminando por Ocotlán de Morelos, un pueblo del Valle de Ocotlán a unos 30 minutos de la ciudad de Oaxaca, cuando Frida me ofreció un plato de mole amarillo. Era idéntica, el mismo peinado, las cejas y una flor en la cabeza. Así que me senté esperando que la comida fuera tan buena como la fama de la pintora mexicana más conocida en el mundo.

"Yo si fui a la Guelaguetza"

por Jessica Servín, · 23·07·2010

No es mentira que Oaxaca es uno de los destinos más bellos de la República Mexicana, incluso, podría ser la entrada principal para conocer México. Es verano y el mes de julio casi llega a su fin. Las calles, y prácticamente toda la ciudad, huelen a fiesta, a chapulines con queso y cañitas de mezcal, es la Guelaguetza, es tiempo de compartir.

El sonido del barro negro

por Enrique Escalona, · 30·01·2010

Apenas a 20 minutos al sur de la capital oaxaqueña, el pueblo de San Bartolo Coyotepec recibe a los visitantes con numerosos letreros que anuncian la venta de artesanías de barro negro, pero el estilo nació en la alfarería Doña Rosa, donde la señora Rosa Real de Nieto descubrió cómo darle al material un color negro brillante y de textura lisa.

Escape a Huatulco

por Dulce de Reyes, · 27·12·2009

Tomé el autobús que me habría de llevar a las Bahías de Huatulco, Oaxaca, a las seis de la tarde, para llegar al día siguiente a las ocho de la mañana. A las siete, hicimos un breve alto en Puerto Ángel para estirar las piernas y desayunar. Ya olía la brisa salada del mar.